Ecología y naturaleza en La Mancha

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martes, 20 de noviembre de 2007

ALIMENTOS TRANSGÉNICOS NO RESUELVEN HAMBRE EN EL MUNDO

Razones que explican por qué la biotecnología no garantizará la seguridad alimentaria, ni protegerá el ambiente ni reducirá la pobreza en el tercer mundo .

Las compañías biotecnológicas frecuentemente afirman que los organismos modificados genéticamente (OsMG) - específicamente las semillas transformadas genéticamente - son descubrimientos científicos indispensables necesarios para alimentar el mundo, proteger el ambiente y reducir la pobreza en países en desarrollo.

Esta opinión se apoya en dos suposiciones críticas las cuales cuestionamos.

La primera es que el hambre se debe a una brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la población humana o tasa de crecimiento.

La segunda es que la ingeniería genética es la única o mejor forma de incrementar la producción agrícola y, por tanto, enfrentar las necesidades alimentarias futuras.

Nuestro objetivo es objetar la noción de biotecnología como una solución de bala mágica a todos los males de la agricultura, mediante la aclaración de conceptos erróneos relacionados con estas suposiciones implícitas.

1. No hay relación entre la ocurrencia frecuente de hambre en un país dado y su población. Para cada nación densamente poblada y hambrienta como Bangladesh o Haití, existe una nación escasamente poblada y hambrienta como Brasil e Indonesia. El mundo produce hoy más alimento por habitante que nunca antes. Existe suficiente para suministrar 4.3 libras por persona cada día: 2.5 libras de grano, frijoles y nueces, aproximadamente l libra de carne, leche y huevos y otra libra de frutas y vegetales.

Las verdaderas causas del hambre son la pobreza, la desigualdad y la falta de acceso. Demasiadas personas son muy pobres para comprar el alimento que está disponible (pero frecuentemente pobremente distribuido) o carecen de la tierra y recursos para cultivarlos ellos mismos (Lappe, Collins and Rosset 1998).

2. La mayoría de las innovaciones en biotecnología agrícola han sido dirigidas a obtener ganancias más bien que empujados por la necesidad. La verdadera fuerza propulsora de la industria de ingeniería genética no es hacer a la agricultura del tercer mundo más productiva, sino preferiblemente generar ganancias (Busch et al 1990).

Esto se ilustra al revisar las principales tecnologías hoy en el mercado: a) cultivos resistentes a los herbicidas tales como los frijoles de soya "Roundup Ready" de Monsanto, semillas que son tolerantes al herbicida Roundup de Monsanto, y b) cultivos "B1" las cuales son transformados por ingeniería genética para producir su propio insecticida.

En el primer caso, la meta es ganar una mayor participación en el mercado para un producto patentado y en el segundo, promover las ventas de semillas al costo de dañar la utilidad de un producto clave en el manejo de una plaga (el insecticida microbiano basado en el Bacillus thuringiensis) en el que confían muchos granjeros, incluyendo la mayoría de los granjeros orgánicos, como una alternativa poderosa contra los insecticidas.

Estas tecnologías responden a la necesidad de compañías biotecnológicas de intensificar la dependencia de los granjeros a las semillas protegidas por el llamado "derechos de propiedad intelectual", los cuales se oponen a los derechos de antaño de los granjeros de reproducir, compartir o almacenar semillas (Hobbelink 1991).

Cada vez que sea posible las corporaciones solicitarán a los granjeros comprar los suministros de la marca de su compañía y prohibirán a los granjeros guardar o vender semilla. Al controlar el germoplasma de la semilla para la venta y forzar a los granjeros a pagar precios inflados por paquetes de semillas químicas, las compañías están determinadas a extraer la mayor ganancia de su inversión (Krimsky y Wrubel 1996).

3. La integración de las industrias de semillas y químicas parece destinada a acelerar incrementos en los gastos por acre de semillas más productos químicos, lo que procura significativamente menos utilidades a los cultivadores. Las compañías que desarrollan cultivos tolerantes a los herbicidas están tratando de cambiar tanto costo por acre como sea posible del herbicida hacia la semilla por la vía de los costos de la semilla y/o costos tecnológicos. Las reducciones crecientes en los precios de los herbicidas estarán limitadas a los cultivadores que compren paquetes tecnológicos.

En Illinois, la adopción de cultivos resistentes a los herbicidas constituye el más caro sistema de semilla de frijol de soya más pesticida en la historia moderna - entre US$40.00 y US$60.00 por acre en dependencia de los precios, presión de infestación, etc. Tres años atrás, el promedio de los costos de semilla más control de plaga en fincas de Illinois era de US$26 por acre y representaba 23% de los costos variables: hoy representan 35-40% (Benbrook 1999). Muchos granjeros están dispuestos a pagar por la simplicidad y robustez del nuevo sistema de manejo de plagas, pero tales ventajas pueden tener corta duración ya que surgen problemas ecológicos.

4. Pruebas experimentales recientes han mostrado que las semillas fabricadas por ingeniería genética no aumentan el rendimiento de los cultivos. Un estudio reciente del USDA Servicio de Investigación Económica muestra que los rendimientos de 1998 no fueron significativamente diferentes en cultivos provenientes de la ingeniería genética contra los que no provenían de la ingeniería genética en 12 de las 18 combinaciones de cultivo/región. En las seis combinaciones de cultivos/región donde los cultivos Bt , exhibieron rendimientos crecientes entre 5-30%. El algodón tolerante al glifosfato no mostró aumento significativo del rendimiento en ninguna región donde fue encuestado.

Esto fue confirmado en otro estudio que examinaba más de 8,000 pruebas de campo, donde se encontró que las semillas de soya Roundup Ready producían menos bushels de frijoles de soya que variedades similares producidas convencionalmente (USDA, 1999).

5. Muchos científicos explican que la ingestión de alimentos construidos por ingeniería genética no es dañina. Sin embargo, la evidencia reciente muestra que existen riesgos potenciales al comer tales alimentos, ya que las nuevas proteínas producidas en dichos alimentos pueden: actuar ellas mismas como alergenos o toxinas, alterar el metabolismo de la planta o el animal que produce el alimento, lo que hace a éste producir nuevos alergenos o toxinas, o reducir su calidad o valor nutricional como en el caso de los frijoles de soya resistentes a los herbicidas que contenían menos isoflavones, un importante fitoestrógeno presente en los frijoles de soya, que se considera protegen a las mujeres de un número de cánceres.
Actualmente, hay una situación en muchos países en desarrollo que importan frijol de soya y maíz de los EEUU, Argentina y Brasil, donde alimentos construidos genéticamente están comenzando a inundar los mercados, y nadie puede predecir todos sus efectos en la salud de los consumidores, la mayoría de ellos ignorantes de que están comiendo tal alimento.

Debido a que el alimento fabricado por ingeniería genética se mantiene sin rótulo, los consumidores no pueden discriminar entre alimento por IG y no-IG, y de surgir serios problemas de salud, sería extremadamente difícil rastrearlos hasta su origen. La falta de etiqueta también ayuda a proteger a las corporaciones que pudieran ser potencialmente responsables de obligaciones (Lappe y Bailey, 1998).

6. Las plantas transgénicas que producen sus propios insecticidas siguen estrechamente el paradigma de los pesticidas, el cual está fracasando rápidamente, debido a la resistencia de las plagas a los insecticidas. En lugar del fracasado modelo "una plaga un producto químico" , la ingeniería genética enfatiza una aproximación "una plaga un gen", que ha mostrado fracasar una y otra vez en pruebas de laboratorio, ya que las especies de plagas se adaptan rápidamente y desarrollan resistencia al insecticida presente en la planta (Alstad y Andow 1995).

No solamente fracasarán las nuevas variedades sobre las de corto a mediano plazo, a pesar de los llamados esquemas de manejo de la resistencia voluntaria (Mallet y Porter 1992), sino que en el proceso pudiera hacer ineficaz al pesticida natural "Bt", en el cual confían los granjeros orgánicos y otros que desean reducir la dependencia de productos químicos.

Los cultivos Bt violan el principio básico y ampliamente aceptado de "manejo integrado de pesticidas" (MIP), que es que la confianza en una tecnología particular de manejo de plagas tiende a provocar cambios en especies de plagas o la evolución de resistencia a través de uno o más mecanismos (NRC 1996).

En general, mientras mayor sea la presión de selección en el tiempo y espacio, más rápida y más profunda la respuesta evolucionaria de las plagas. Una razón obvia para adoptar este principio es que reduce la exposición de la plaga a los pesticidas, lo que retarda la evolución de la resistencia. Pero cuando el producto es preparado por ingeniería genética dentro de la misma planta, la exposición de la plaga salta de mínima y ocasional a exposición masiva y continua, lo que acelera dramáticamente la resistencia (Gould 1994).

El Bt será rápidamente inútil tanto como peculiaridad de las nuevas semillas al igual que como una vieja ayuda rociado cuando resultaba necesario por los granjeros que desean escapar de la rutina de los pesticidas (Pimentel et al 1989).

7. La lucha global por participación en los mercados está llevando a las compañías a desplegar masivamente cultivos transgénicos en todo el mundo (más de 30 millones de hectáreas en 1998) sin el adecuado avance en la experimentación de impactos a corto o largo plazo en la salud humana y en los ecosistemas. En los EEUU, la presión del sector privado ha llevado a la Casa Blanca a decretar "sin diferencia sustancial" la comparación entre las semillas alteradas y las normales, evadiendo así la prueba normal del FDA y el EPA.

Documentos confidenciales hechos públicos en un litigio por demanda en curso, reveló que los propios científicos del FDA no coinciden con esta determinación. Una razón es que muchos científicos están preocupados de que el uso en amplia escala de cultivos transgénicos plantea una serie de riesgos ambientales que amenazan la sustentabilidad de la agricultura (Goldberd, 1992: Paoletti y Pimentel, 1996: Snow y Moran 1997: Rissler y Mellon, 1996: Kendall et al 1997 y Royal Society, 1998):

Autores: Miguel A. Altieri University of California, Berkeley
Peter Rosset Food First/Institute for Food and Development Policy

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