Ecología y naturaleza en La Mancha

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martes, 6 de noviembre de 2007

¿Cómo los árboles administran el agua en los entornos áridos?

(NC&T) Según el Centro Nacional de Datos Climáticos en Estados Unidos (NCDC), el verano de 2006 ocupó el segundo lugar entre los más cálidos en la zona continental de los Estados Unidos desde que comenzaron los registros en 1895. Las condiciones de sequía de extrema a moderada fueron evidentes en aproximadamente el 40 por ciento del país.

En entornos semiáridos, como el del sudoeste de Estados Unidos, la humedad es tan baja que la presencia de agua ya es de por sí escasa, y resulta muy difícil conservarla cuando cae un fuerte pero inusual aguacero. La lluvia que se acumula en charcos es absorbida rápidamente por la evaporación en el aire seco. Y la no recogida en charcos, también se pierde casi por completo sin filtrarse hacia el subsuelo. Mantener un suministro adecuado de agua es un reto constante, y administrar este valioso líquido es un asunto de alta prioridad.

Se podrían aprovechar mejor los recursos escasos de agua si se lograra almacenar la mayor parte de la que cae durante una fuerte lluvia. Para lograrlo, se necesita conocer mejor cómo se comporta el agua en el entorno. Constance Brown, micrometeoróloga del Programa de Ciencias Atmosféricas del Departamento de Geografía de la Universidad de Indiana, dirige su trabajo hacia dicha meta.

Esta investigadora ha informado sobre los primeros resultados de un estudio elaborado para caracterizar los intercambios del agua y el dióxido de carbono en la superficie, que se producen en un bosque de las montañas de Santa Catalina, cerca de Tucson, Arizona.

Esquema de la torre desde la que se hicieron las mediciones. (Foto: Indiana University)
Los bosques de las montañas son fuentes importantes de agua para el resto de las zonas semiáridas, y además suelen estar lo bastante aislados como para permitir a los científicos formarse una imagen más clara de lo que está sucediendo con el agua de la que tanta gente depende. En un área desértica, tales bosques sólo son hallados en la cima de las montañas, porque sólo en estos lugares las precipitaciones superan a la evaporación lo suficiente como para que la vegetación boscosa pueda sobrevivir.

Las mediciones hechas por Brown mostraron que en este ambiente hay una correspondencia inmediata, predominante y directa entre el agua disponible y la actividad fotosintética de la vegetación. Esto es totalmente diferente de lo que ocurre en la mayoría de los bosques de coníferas donde el comportamiento estacional de los árboles está muy influido por los cambios de temperatura: Los árboles están básicamente inactivos en invierno, y registran su máxima actividad y crecimiento en torno al verano.

En cambio, el bosque que Brown estudió, en la cima de la montaña, tenía un comportamiento hasta cierto punto opuesto. Durante el verano, antes de las fuertes lluvias, cuando casi todas las precipitaciones del invierno se han evaporado y el suelo sufre una sequedad extrema, los árboles están mayormente inactivos. Este comportamiento sugiere que los árboles tienen poca capacidad para acceder a la humedad de las grietas del lecho de roca. Debido a que un final de primavera o un inicio de verano sin ninguna lluvia es muy común en el sur de Arizona, el bosque de montaña debe haber desarrollado la capacidad para sobrevivir a esta etapa. La rápida recuperación del bosque cuando las lluvias copiosas comienzan, confirma el gran paralelismo entre la acción de los árboles y la humedad disponible en el suelo.

Fuente: www.solociencia.com

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