Ecología y naturaleza en La Mancha

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sábado, 10 de noviembre de 2007

Energía solar térmica

El Sol es una fuente de energía inagotable y ecológica, por lo que se trata de un recurso energético cada vez más utilizado. La energía solar térmica, que utiliza el calor generado por la radiación solar para producir electricidad, es un recurso válido tanto en la producción eléctrica a través de grandes centrales, como en diversas aplicaciones de uso domésticoLas centrales de generación eléctrica mediante energía solar térmica utilizan fundamentalmente dos tipos de dispositivos: de alta o de baja concentración.

Los dispositivos de alta concentración captan la radiación solar por medio de sistemas como espejos curvos o discos parabólicos, que se orientan hacia el Sol y reflejan su luz concentrándola en un punto. Desde ahí se transfiere el calor a un fluido, que puede ser agua, aceite, aire, etc., por el que se transmite el calor hasta un depósito de agua, que a altas temperaturas se evapora, lo que se aprovecha para mover una turbina y generar así electricidad.

Los dispositivos de baja concentración reúnen varios cilindros parabólicos que también se mueven con el Sol concentrando la radiación en una tubería que contiene un fluido, el cual es calentado y transportado a una red de tuberías diseñada para minimizar las pérdidas por calor. Estos dispositivos de baja concentración son los más tecnológicamente desarrollados y son además centrales que ocupan menos espacio. Uno de los grandes inconvenientes de estos dispositivos es que depende de una fuente irregular como es el Sol, por lo que necesitan que no haya nubes, aunque se dispone de sistemas de almacenamiento térmico.

Por otra parte, el calor que se obtiene con la energía solar térmica también se utiliza para producir agua caliente sanitaria, como sistema de calefacción y calentamiento del agua en piscinas, para cocer alimentos en cocinas solares o secar productos. En este sentido, la energía del Sol ha sido históricamente uno de los sistemas básicos de la humanidad en la producción de calor. En muchos países hay subvenciones para el uso doméstico de la energía solar, en cuyos casos una instalación doméstica puede amortizarse en unos 5 ó 6 años.

Los equipos domésticos para la producción de agua caliente en las viviendas cuentan con un desarrollo tecnológico fiable y económico, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). La inversión inicial permite obtener agua caliente gratuita incluso en los días nublados, puesto que cuenta con un depósito y un sistema energético auxiliar, durante más de 20 años. Se trata además de un sistema de fácil instalación e integración dentro de la vivienda y que apenas necesita mantenimiento,
no genera ruidos, escapes u olores y se trata en definitiva de una alternativa ecológica y limpia. En la mayoría de los casos, tanto en viviendas unifamiliares como en edificios, las instalaciones de energía solar térmica proporcionan entre el 50% y el 70% del agua caliente demandada, por lo que necesitan el apoyo de sistemas convencionales de producción de agua caliente. Además de la producción de agua caliente, la energía solar térmica también se utiliza en sistemas de calefacción para los hogares. Su principal inconveniente es que por la noche la calefacción solar no funciona, aunque no debe ser mayor problema si la vivienda se ha mantenido caldeada durante el día.

La cocina es otro de los lugares en los que se utiliza la energía solar térmica. En las denominadas cocinas solares se pueden hacer la mayoría de platos que se preparan normalmente en una cocina convencional, con la ventaja de que se obtiene un plato de manera totalmente ecológica, con el consecuente ahorro en electricidad o gas. Entre los inconvenientes de la cocina solar cabe destacar que necesita más tiempo para que los alimentos lleguen a las temperaturas de cocción, y que se necesita un cielo soleado. Asimismo, otro uso del calor producido por el Sol es la denominada desecación, un sistema muy antiguo de conservación de alimentos que consiste en la retirada del agua contenida en sus tejidos y células, lo que evita la putrefacción y pérdida de los mismos.

Fuente: www.consumer.es